Edulcorantes artificiales y pérdida de peso

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Dulce... ¿pero culpable?. Si eres un lector asiduo de estudios y más o menos te mantienes informado, sabrás que no existe ningún estudio realizado en humanos que confirme que los edulcorantes artificiales "clásicos" (sucralosa, aspartamo y cía) tengan efectos negativos sobre la pérdida de masa corporal y grasa durante la restricción dietética; aún así se escuchan y se siguen leyendo en casi todos los rincones de la web exactamente todo lo contrario.




En lo que respecta al tema, el último documento de Lone B Sørensen, Tatjana H. Vasilaras, Arne Astrup y Anne Raben no es una excepción. Lo que es extraordinario, sin embargo, es que describe un estudio de diseño paralelo de 10 semanas a simple ciego relativamente controlado que proporciona evidencia convincente de que la asociación entre el consumo artificial de edulcorantes y la obesidad que se ha observado en estudios epidemiológicos sería un buen ejemplo para explicar el término "causalidad inversa" (los gordos compran productos dietéticos vs los productos dietéticos te ponen gordo).

En dicho estudio, 24 sujetos sanos pero con sobrepeso tuvieron que consumir diariamente una cantidad mínima específica de alimentos endulzados con sacarosa o edulcorados artificialmente, cito:

"The subjects were assigned to 3 different levels of supplements according to their initial body weight: level 1, 2, or 3 corresponding to 60–75, 75–90, and.90 kg, respectively. The minimum intake of the experimental diet was regulated by the sucrose intake and corresponded to a sucrose intake of 125 g/d (level 1), 150 g/d (level 2), and 175 g/d (level 3). This corresponded to a total EI from sucrose supplements of 2.74, 3.29, and 3.83 MJ/d, respectively."

El grupo de edulcorantes recibió una cantidad equivalente (en peso) de alimentos y bebidas, lo que resultó en una IC promedio de 694, 832 o 971 kJ/d en los niveles 1, 2 y 3, respectivamente. El contenido de edulcorantes artificiales de la dieta de intervención fue de un 54% de aspartamo, 23% de ciclamato, 22% de acesulfamo K y 1% de sacarina.

En el grupo de sacarosa, un ~70% de la sacarosa provenía de bebidas (promedio: ~1.3 L/d), y ~ 30% provenía de alimentos sólidos. Alrededor del 80% en peso de los suplementos eran bebidas, y ~20% en peso eran alimentos sólidos. Las bebidas consistían en varios refrescos y zumos de frutas, y los alimentos sólidos consistían en yogures, mermeladas, helados y fruta estofada.

Los productos fueron entregaron a todos los participantes en la Universidad sin informarles sobre el contenido específico de sacarosa y los edulcorantes artificiales en los productos suplementados eran desconocidos para los sujetos, todos pensaron que estaban consumiendo productos con edulcorantes artificiales. Se les aconsejó seguir con su dieta habitual ad libitum, ¿sabes qué paso?


Imagen 1: Cambios en el peso corporal y masa grasa (kg) y la ingesta de energía (en MJ) durante el desayuno, el almuerzo y la cena medidos el día que todos los sujetos tuvieron que pasar en una sala metabólica (Sorensen.2014). Clic en la imagen para agrandar.

Sí, ya lo viste, las víctimas del azúcar (productos endulzados con sacarosa) engordaron, mientras que los sujetos a los que se habían suministrado productos endulzados artificialmente vieron mejoras pequeñas, significativas en su composición corporal sin restringir deliberadamente su ingesta energética (Recuerda: todos los sujetos pensaron que estaban consumiendo productos sin calorías).

¿La razón? Bueno, echa un vistazo a la Imagen 1. Los sujetos del grupo de sacarosa hicieron lo que algunas personas afirman que sucedería si consumen productos endulzados artificialmente: ¡Comieron más! ¿Por qué? Pues porque tenían muchísima más hambre, a pesar de que su consumo de energía fuera un 22% mayor.

Imagen 2: La respuesta de saciedad en el almuerzo fue (no significativamente) menos sostenida en el grupo de sacarosa (círculos completos) en comparación con el grupo de edulcorantes artificiales (círculos abiertos) durante la visita de los sujetos en la sala metabólica (Sorensen, 2014). Clic en la imagen para agrandar.

Especialmente después del almuerzo, los efectos de la saciedad fueron significativamente menos sostenidos que en el grupo de edulcorantes artificiales (ver Imagen 2). Lo que es interesante, es el hecho de que a diferencia de sus consecuencias y la percepción de plenitud y consumo de alimentos prospectivo, la diferencia de saciedad no alcanzó significación estadística.


Imagen 3: Oxidación de ácidos grasos en 24 horas después de 10 semanas en dietas con sacarosa o agregados edulcorados artificialmente (Sorensen, 2014). Clic en la imagen para agrandar.

Los datos en la Imagen 1 ya te lo dicen: el efecto neto de las diferencias de saciedad fue una ingesta energética significativamente más alta (+22%) que no fue compensada completamente por el 6% más de gasto energético total de 24 horas de los sujetos en el grupo de sacarosa.

De acuerdo con las tasas reducidas de oxidación de ácidos grasos (ver Imagen 3), el excedente de energía restante de aprox. 1,000kcal (esa es la mera diferencia matemática del gasto de energía total de 24h durante la estadía en la sala metabólica y la ingesta de energía correspondiente) fue obviamente más que suficiente para engordar a los sujetos.

Poniendo los resultados en perspectiva: Lo que este estudio confirma es que los productos edulcorados artificialmente pueden ayudar a la persona promedio sana que no hace dieta (escenario de dieta ad litibum como el del presente estudio) a perder peso.

Referencias