Los edulcorantes artificiales, ¿Afectan a la pérdida de peso?

·



Actualmente, el consumo del vital de líquidos se ha venido desplazando por otras opciones más atractivas, más sabrosas… opciones dulces. Así es, las bebidas azucaradas están casi en cada mesa familiar a la hora de cualquier comida. Están en la hora del trabajo, en la hora de la escuela, en la hora de ver películas, en la hora de cualquier quehacer…. Están a todas horas.



México es el principal consumidor de bebidas de nivel mundial, solo a esto, se le atribuyen millones de muertes al año en todo el mundo según la carga global de enfermedades [1].

Ahora bien, con la epidemia de obesidad, por un lado, y de la diabetes por el otro, la industria alimentaria ha encontrado un vasto nicho de mercado con el cual lucrarse. Con todo, han devenido innumerables compuestos químicos, marcas y patentes atentando con sustituir el azúcar, sin duda alguna, uno de los estándares de oro dietoterapéuticos de ambas patologías, y claro, un factor de prevención igual de importante.

Estos sustitutos del azúcar denominados, edulcorantes artificiales, y lo que en un principio pareció ser una excelente herramienta dietética, se han nublado a raíz de multiplicidad de estudios que han teorizado que dichos compuestos pueden ser causantes de neoplasias y ciertos tipos de cánceres, merced a que la EFSA (European Food Safety Authority) y FDA (Food and Drug Administration), importantes organismos reguladores de la seguridad en la industria alimentaria a nivel mundial, han dicho por años que su consumo es inocuo. 

Esto, sumado a los mitos y la mala información, han provocado una gran difamación de aquellos y mucha desconfianza al consumidor final.

Este artículo se enfocará en el uso que se da a estas opciones dietéticas en el tratamiento del sobrepeso, obesidad y diabetes mellitus. Siendo el consumo de azúcar uno de los factores de riesgo desencadenantes de estas últimas, conviene explorar si sustituirlo es mejor opción que renunciar al adictivo dulzor de las cosas. Leamos qué nos dice la evidencia actual.

La EFSA desacreditó los resultados de dos estudios publicados en el 2010 que asociaban el consumo de aspartamo como cancerígeno en ratones por un lado y, por el otro, el de consumo de refrescos endulzados artificialmente con el riesgo de parto prematuro en mujeres embarazadas, concluyendo que no había evidencia suficiente ni necesidad de reconsiderar la dosis máxima permisible para humanos fija en 40 mg/kg/día [2].

Por otro lado, en la reunión del 25-26 de noviembre de 2013, que se celebró en Chinchón, Madrid, una reunión de expertos multidisciplinarios entre varias sociedades: la Fundación para la Investigación Nutricional, el Ministerio de Salud del Gobierno de Madrid, la Asociación Internacional de Edulcorantes y el Instituto de Salud Carlos III CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición, se llegó a 10 puntos (únicamente se muestran los puntos relevantes) que denominaron La Declaración de Chinchón:

“La evidencia reciente indica que no existe asociación entre su consumo y ninguna enfermedad cronicodegenerativa (neoplásica, cardiovascular, neurológica ni del embarazo)…”


“Su consumo no altera los niveles de glucosa o de insulina de ninguna manera. De hecho, funge como una herramienta terapéutica en la diabetes mellitus…”


“La combinación de estos con un estilo de vida saludable y actividad física regular mejoran el control del peso corporal (reducción y mantenimiento) …”

“Debería fomentarse la educación al consumidor a cerca de la seguridad de estos ingredientes mediante artículos y otros tipos de publicaciones ya sea en sitios web, revistas o redes sociales…”

Fowler et al, tomando datos del San Antonio Heart Study, un estudio prospectivo de cohorte, concluyeron que existe una relación entre el consumo de edulcorantes artificiales y el peso corporal e IMC elevado, sin embargo, este estudio tiene mucha controversia y bien podría establecerse una relación -no causal- [3].

Se sabe que los individuos con obesidad son más asiduos a emplear edulcorantes artificiales. Lo que no queda claro es si estos los emplean para perder peso, o bien, si por hacerlo desarrollan cierto apetito particular por los sabores dulces y debido a esto ganen el peso corporal que los llevó a padecer obesidad. En una revisión retrospectiva del enigmático estudio NHANES, se encontró que el uso de edulcorantes artificiales se asoció 2.37 veces más a los adultos que intentaron perder peso en los 12 meses previos, así como a una mayor prevalencia de obesidad [4].

En un meta-análisis de 15 ensayos controlados aleatorizados se encontró que sustituir los edulcorantes no calóricos por el azúcar reduce de manera moderada el peso corporal, IMC, grasa corporal y circunferencia de la cintura, sin embargo, como solo se estimó una reducción de 0.8 kg, no se puede considerar como clínicamente significativa [5].

Por otro lado, en un ensayo controlado aleatorizado elaborado por Peters et al, se tomó a 303 participantes, hombres y mujeres con sobrepeso y obesidad y se sometieron a un programa de reducción de peso corporal durante 12 semanas y 40 semanas posteriores de mantenimiento del mismo (un año completo). 

A un grupo se le dio a beber al menos 710 ml de líquidos con edulcorantes no calóricos a lo largo del día. Por otro lado, al segundo grupo, se le asignó la misma cantidad de líquidos por día, pero con la condición de que no consumieran ningún tipo de edulcorantes no calóricos durante todo el año. Al final del año se encontró una mayor reducción de peso corporal y circunferencia de la cintura en el grupo que bebió los edulcorantes artificiales (6.21 vs. 2.45 Kg). 

Los autores no han podido explicar el porqué de la diferencia ya que en ambos grupos hubo estricto control de la actividad física semanal y del consumo de cafeína (posible promotor de un incremento del gasto energético basal). Adicionalmente, tampoco hubo cambios en la glucemia basal en ninguno de los dos grupos luego de las 52 semanas, situación comentada por recientes reportes de que el consumo de edulcorantes no calóricos podría afectar a la microbiota intestinal alterando el metabolismo de la glucosa [6, 7, 8].

Digno de mención es otro estudio realizado por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán en estudiantes de enfermería. Se dividieron en tres grupos: 1) sin bebidas endulzadas (solo agua, café y té); 2) con bebidas endulzadas artificialmente y 3) con bebidas endulzadas calóricas y no calóricas. Se tomaron parámetros de medición: IMC, circunferencia de cintura y cadera y presión arterial. 

En todos hubo una reducción estadísticamente significativa en el grupo 1 que no empleó ningún tipo de bebida endulzada calórica y no calórica, e incluso, en el grupo 3 se encontraron ligeros aumentos de circunferencia de cintura y cadera e IMC. Los autores concluyeron que la reducción de bebidas endulzadas sustituidas por agua y una dieta isocalórica puede contribuir a un mejor IMC a los 6 meses. Esto puede ser debido a que, al reducir el consumo de bebidas azucaradas, el consumo calórico global también disminuye, además, de que el agua ayuda a mantener una mejor saciedad y disminuir el apetito [9].

Por lo visto, su consumo en relación al peso corporal y otras variables distan de tener una relación clara aún.

De hecho, según la American Dietetic Association existe muy poca evidencia de efectos nocivos en humanos relativos al consumo de edulcorantes artificiales [10]. De tal manera, en niños y adultos, el consumo de edulcorantes artificiales (aspartamo, sacarina, estevia y sucralosa) no afecta:

- Al apetito ni el consumo calórico global.
- Perfil lipídico (niveles de colesterol y triglicéridos en sangre).
- Glucemia (nivel de glucosa en personas con diabetes).

Conclusión

Mi opinión es que intentes tirar por el uso de edulcorantes tales como la Stevia, Splenda... y si no, consúmelos, pero de forma moderada, intentando elegir siempre las opciones menos malas dentro de lo que cabe (No es lo mismo una Coca-Cola que una Casera blanca), o prepararte tus bebidas, por ejemplo usar agua con gas en combinación con el zumo de 1 o 2 limones naturales.

Hasta que se indique claramente lo contrario, el consumo de bebidas edulcoradas puede ser una forma de darle más sabor a nuestra alimentación y calmar un poco la ansiedad fruto de los rigores de la dieta, sin contraindicaciones claras para nuestra salud.

Claro está que es mucho más saludable y barato el beber agua, pero cuando lo más sabroso que hay en tu dieta es el maíz de la ensalada, pues entonces este tipo de bebidas puede ayudar a mejorar la adherencia dietética... y mucho.


Al final no deja de ser un tema un poco controvertido con diversidad de opiniones, pero ya sabemos que las opiniones son como los culos; Todos tenemos uno y muchos de ellos apestan, y como al fin y al cabo, las asociaciones que deberían velar por nuestra salud lo único que les importa es lucrarse a costa de ella, pues...